En aquel momento me sentía un tanto inquieta por el desenlace, pues una cosa es lamer o chupar, y otra muy distinta tragar.
La primera vez es la decisiva.
He conocido prostitutas que eran incapaces de hacerlo y les entraban ganas de vomitar cuando se veían en tal situación, simplemente porque se habían dejado vencer por la náusea la primera vez.
Y otras, como yo, que lo único que pedían era eso.
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