Me levanté, me arremangué el vestido y volví a sentarme con las piernas bien abiertas.
No fue necesario nada más para hacer que abandonara el sillón y se arrodillara entre mis muslos.
Me levantó las piernas para apoyarlas en sus hombros, luego me asió las nalgas con ambas manos para colocarlas a la altura de su boca, y comenzó a chuparme de un modo maravilloso...
...partiendo desde abajo, lentamente, hasta que sintió bajo la lengua mi minúsculo clítoris. Yo le agarré el pelo con las manos, como hacen todas las mujeres cuando las chupan así, y todo lo demás desapareció de mi espíritu como la niebla bajo los rayos del sol.
Empecé a suspirar y a gemir mientras ella continuaba lamiendo, y de vez en cuando, aspirando.



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